lunes, 16 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 16



Aún queda un poco de octubre, gente. Y eso significa, más plotober. 

¿Cuál es la premisa de hoy?



UNA PISTOLA DE JUGUETE, UNA NARIZ DE PAYASO Y UNA BOLSA DE PEDORRETAS



La bolsa de pedorretas estaba acorralada. La nariz de payaso la apuntaba con la pistola de juguete que lanzaba dardos punzantes. El cielo estaba oscuro, a punto de iniciarse una tormenta. 

–No debiste traicionarnos, bolsa –dijo la nariz  de payaso.

–¿Por qué lo hiciste? Pensé... ¡que eras uno de los nuestros! ¡Un camarada! –gritó la pistola de juguete.

La bolsa de pedorretas no dijo nada, ni varió su expresión seria, fría. Todo esto le daba igual. Vivir, morir, traicionar a tus compañeros... Qué más daba todo eso. Era un juego. 

–Adiós –y la nariz de payaso disparó. 

Un dardo fue lanzado a toda velocidad hacia la bolsa de pedorretas, que no hizo ni un movimiento para esquivarlo. El objeto punzante impactó y la bolsa explotó, en un sonoro y melancólico pedo. 


domingo, 15 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 15




Vamos allá.
Hoy toca escribir sobre...



TE HAS ENAMORADO DE UN COLECCIONISTA DE CÓMICS. EN LA PRIMERA VEZ EN SU CASA DERRAMAS SOPA POR ENCIMA DE SU COLECCIÓN



Rodrigo asistió a la feria de cómic, como todos los años. Aunque sabía perfectamente que, como todos los años, iría solo, y que, como todos los años, sería una experiencia que le resultaría anodina en exceso, se dirigió, usando el metro, hacia el palacio de ferias de su ciudad, donde se celebraba el evento. Como todos los años.

Mientras miraba los diversos establecimientos de tiendas y editoriales, suspiró. Quizá ya no estaba hecho para las viñetas. Hace largo tiempo que no encontraba un cómic que le gustase de verdad. Era algo que le desesperaba. Igual que ir a la feria de cómic. 

Entonces, una chica se le acercó a él y le dijo que si le pasaba algo. Era una chica muy maja, se veía en la cara que quería ayudar. Rodrigo le respondió que no, que estaba bien, pero ella no se lo creyó y empezó a hablar con él. Al principio Rodrigo se sentía un poco molesto, aunque la chica hacía todo eso con la mejor intención del mundo. Después, la molestia se convirtió en alegría y de la alegría se pasó a la dicha. Rodrigo no creía en los cuentos de hadas (ni yo tampoco, si les soy sinceros) pero sintió un amor de los que solo se leen en esos cuentos. Y la chica también. Fue visto y no visto. Increíble. 

La chica se llamaba Rosa, y vivía muy cerca de la casa de Rodrigo. Empezaron a quedar, algunas veces en el parque, otras en la tienda de cómics, y en el piso de uno de los dos. Rodrigo visitó por primera vez la casa de Rosa hace ya dos días. Entró con mucha educación (aunque no había nadie más), y ya dentro, Rosa le enseñó su colección de cómics de gran valor, jugaron juntos a las videoconsolas, leyeron un poco, vieron la tele, echaron una partida de rol, y etc. En el momento de la cena, mientras estaban tomando en el salón un gazpacho, sin querer, Rodrigo derramó un poco sobre un cómic de Rosa. Una primera edición antiquísima, que ella le había enseñado. 

Rodrigo se temía lo peor. Quizá Rosa le mataría ahí mismo, con un tenedor oxidado. Quizá le dejaría por un jugador de fútbol. Quizá se transformaría en un alienígena y le devoraría el cerebro. Pero nada de eso sucedió. Rosa se quedó en el sitio, paralizada, su piel se volvió más clara de lo habitual, y se cayó al suelo. Rodrigo se acercó alarmado, e intentó despertarla sin resultado. Llamó a los servicios de emergencia, que llegaron rápidamente y se la llevaron al hospital. Al parecer, había sufrido un ataque al corazón. Sobrevivió, por suerte, y pese al amor que sentía por ese cómic, le perdonó a Rodrigo (ella lo consideró un accidente).

Aún así, tras ese suceso, Rodrigo no volvió a visitar nunca más la feria de cómics. Ni siquiera a leer uno. 


sábado, 14 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 14





Venga, vamos al lío.

Y hoy toca escribir de...


UNA ISLA DESIERTA Y PARECE QUE HAY ALGUIEN MÁS



Clara despertó al sentir algo húmedo tocando sus pies. Se levantó perezosamente, tocando algo granuloso y caliente. Se oía un ruido, como si algo se acercara y alejase. Cuando se irguió, vio su alrededor.

Estaba sola en una isla. 

Una isla con una enorme playa que parecía perderse en el horizonte y no tener fin. Una frondosa selva se hallaba frente a ella; una selva de la que provenían ruidos misteriosos. Clara comenzó a ponerse nerviosa y corrió por la playa, en busca de algún signo de civilización. Corrió y corrió durante lo que a ella le parecieron eones, pero el cansancio hizo presa en ella y tuvo que parar bajo una palmera solitaria. Jadeando, se tumbó. Su mente intentó recordar todo lo que había pasado, pero solo pudo vislumbrar pequeños retazos de lo acaecido.

Unos gritos. Llamas saliendo de un habitáculo. La gente corriendo por todas partes. Sus padres alejándose de ella. Un movimiento brusco, y luego...

Dejó de recordar por el insufrible dolor y notó que las lágrimas recorrían su rostro. Pensó que no volvería a ver a nadie, a sus amigos, a sus padres. Que se quedaría sola en este pedazo de tierra, y que seguramente moriría, presa de algún animal salvaje, o de las enfermedades tropicales, o simplemente, de vieja. Sola.

Su estómago interrumpió su pena con un enorme rugido. Se levantó y decidió adentrarse en la isla.

La selva se iba haciendo cada vez más espesa hasta que llegó a un claro, con ríos de agua cristalina. En ellos, unos antílopes y jabalíes bebían el líquido, sin que la presencia de Clara les importunase. Buscando en los árboles de los alrededores, pudo conseguir algo de fruta con la que calmar su estómago. Pero este era muy exigente, y pasadas unas pocas horas, volvió a rugir con mayor fuerza. 

Clara continuó su periplo. De pronto, oyó un estruendo, como si algo se hubiera caído, o si la Tierra se partiera en dos. Se acercó a la fuente del ruido, y encontró a un elefante que yacía en el suelo. 

Clara lo miró atentamente. Los ojos del elefante, vidriosos, casi humanos, la observaban fijamente. Su costado subía y bajaba lentamente,  y de la trompa salía un sonido angustioso. 

Clara se quedó contemplando al elefante durante unos minutos. Entonces, giró sobre sí misma y se alejó del lugar, volviendo por donde había venido. Pasado un tiempo, volvió con un palo acabado en punta.

Se acercó al animal y se dispuso a palpar el cuerpo del elefante, con sumo cuidado para que no se pusiera más nervioso. La mano recorría el arrugado cuerpo del enorme ser hasta que paró en una zona. Clara notaba un débil ruido. Un ir y venir.

Alzó la lanza y miró al elefante. La chica empezó a temblar. Notaba en su espalda el peso de cada segundo. Mares de sudor la recorrían. El corazón provocaba enormes seísmos en su cuerpo. Y los segundos seguían pesando más y más.

Y cuando el Sol daba sus últimos coletazos de luz, se escuchó un grito que recorrió toda la isla, asustando a todos los animales.



La noche cayó y Clara estaba llena. Había hecho una hoguera con la que asó un poco de la carne del enorme animal. Pensaba en cómo conservar todo eso. También en evitar atraer a depredadores con el olor, aunque, bien pensado, si había pasado tanto tiempo y no hubo rastro de ellos, poco había que temer. Pero por si acaso.

Clara miraba la cabeza del elefante. El animal más grande del mundo. Siempre soñó con ver uno cara a cara, maravillarse ante su magnificencia, su imponencia. Nunca supuso que podían ser tan frágiles. Como ella. 

Se recostó, y miró sus manos. Las había lavado lo mejor posible, pero aún quedaban pequeños rastros de sangre. Las acercó a su nariz y las olió. El aroma del hierro seguía ahí, con la misma intensidad.

Al final no iba a estar tan sola. 






viernes, 13 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 13





Venga, vamos allá. La premisa de hoy es...

LO SIENTO, TENEMOS QUE HABLAR



–Señor Esteban, siento interrumpirle, pero tenemos que hablar.

–Usted dirá.

–Verá, quisiera comunicarle mi disgusto para con su actitud en el trabajo.

–Entiendo.

–Creo que cuando empezó a trabajar en esta empresa, dio su aprobación a las normas de convivencia. ¿Me equivoco?

–No, señor. 

–Bien. Entonces, explíqueme por qué mató al señor Matías delante de todo el mundo, cortó su cabeza y la puso como florero en su mesa.

–Con todo el respeto, pero el muy desgraciado nunca me daba los buenos días. No sé por qué razón.

–Quizá porque le levantó la novia justo antes de que diera el "sí quiero". Delante de cien personas. Por favor, Esteban...

–Cierto, pero lo pasado pasado es. Además, le ahorré un favor, porque no hay quien aguante a esa chica.

–Basta, no entremos en esos detalles. 

–Perdone señor.

–Le pondré una advertencia. Ya sabe que con tres de ellas, está despedido, ¿no? Así que no vuelva a hacer eso, ni en esta empresa, ni en ningún otro sitio. Y haga el favor de quitar esas flores de plástico y colocar unas de verdad en la cabeza del señor Matías. Al menos, que se vea un poco de elegancia en nuestros empleados. 

–Sí, señor.


jueves, 12 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 12




Un nuevo día, un nuevo relato para el plotober. Y este versa sobre...


RECIBES POR ERROR UN CORREO ELÉCTRONICO DE WIKILEAKS


Diego, a pesar de haber nacido en la generación de la informática, no se había hecho aún a los ordenadores. Esos aparatos cuadrados, con enormes torres, y que incluso algunos de ellos podían doblarse, le producían un enorme desinterés. Para él, el acto de escribir se llevaba a cabo usando papel, lápiz o bolígrafo, no pulsando las teclas de esas máquinas. Las noticias las buscaba no en Internet, sino con los periódicos que su buen amigo el tendero le proporcionaba siempre con puntualidad. Si tenía que comprar algo, lo hacía en las tiendas de su ciudad, y si no estaba disponible, o bien esperaba a que los establecimientos recibieran el producto que buscaba, o pedía a su padre, mucho más curtido que él en el uso de las computadoras y que Diego consideraba un adicto a esos cacharros, que se lo adquiriese por medio del comercio digital. 

No es casual que para sus compañeros de clase Diego fuera un extraño, o mejor dicho, el símbolo de una época que ellos veían muy lejana. Como si fuera un esqueleto de dinosaurio expuesto en un museo. 

Su madre decidió apuntarle a clases de informática, pese a las reticencias de Diego, pensando que así su hijo conseguiría tener más posibilidades en el mundo laboral. Al final nuestro amigo acabó aceptando dichas clases no tanto como un castigo sino como algo un poco molesto, sí, pero de lo que se podría sacar algo en claro.

Hoy iban a aprender a usar el correo electrónico. La profesora les explicó cómo hacerse una cuenta, los distintos tipos de mensajes, y la administración de su bandeja de entrada. No fue algo tan difícil para Diego. Pulsar unas teclas. Mirar bien. Y fuera.

Entonces, justo cuando configuró su cuenta, vio llegar una misiva. Su primer correo. Un poco sorprendido, decidió ver quién lo había enviado.

El remitente era Wikileaks. 

Wikileaks. La organización que había destapado un montón de noticias que nadie debería saber. Noticias que escandalizaron al planeta. Cuyo fundador llevaba años ha en una embajada sin poder salir. 

Y le han enviado un correo a él.

Un montón de pensamientos cruzaron su mente. La policía le detiene y encarcela de por vida. Puede que unos agentes especiales lo secuestren y no vuelva a ver nunca a su familia. O también podría saber algo que haya pasado y deba contar por el bien común. Podría convertirse en un héroe, en alguien que luche por lo que es justo.

Entonces, le dio a abrir. Pudo ver el siguiente mensaje:

"Prácticas remuneradas en la sede de Wikileaks. Aprende con los mejores profesionales a destapar los asuntos más sucios y que no quieren que sepa nadie".

"Malditos ordenadores", pensó Diego.




miércoles, 11 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 11

Piensa, piensa con esa masa cárnica que Dios te dio por cerebro...


Continuamos, continuons, con el Plotober. ¿Qué premisa toca hoy?. Veamos...


UN MOMENTO, ESTAS BRAGAS NO SON MÍAS



Sandra volvió a casa con la compra recién hecha. La comida, el jabón, y unas bragas. No estaban dentro de la la lista, pero le habían tentado. Qué se le va a hacer. No somos de piedra. 

Nada más entrar en el recibidor, vio la misma premisa de todos los días: Luis en el sofá, leyendo un libro de a saber qué, y Ana durmiendo, en una postura contraria a cualquier signo de raciocinio anatómico, y ortopédico, en la cama. Compartir piso, ¡qué feliz idea!. Pero bueno. Ella lo aceptaba porque sabía que alquilar un estudio para ella sola excedía de su presupuesto, y, pensándolo bien, no eran tan malos compañeros. Un poco vagos, sí, pero oye, cuando Sandra necesitaba ayuda ellos le echaban un cable. Ah, y cocinan que se mea uno de gusto. No obstante, lo mejor era que paliaban eso que llamamos soledad. 

Sandra entró en la cocina y dejó la comida y el jabón. Luego se fue disparada a su habitación y abrió la bolsa con sus bragas. Cuando las sacó del envoltorio, y las extendió, dio un respingo y sus ojos se pusieron como platos. 

Esas bragas que ahora sujetaban sus manos eran tan grandes como la envergadura de sus brazos.

Las bragas de un coloso.

Fue con una cara pálida al salón, para enseñárselas a Luis. Luis levantó la vista, y observó esas gigantescas bragas. La cara que se le quedó era digna de enmarcar en una foto.

–¿Qué cojones...?

–No lo sé, compré unas bragas en la tienda de al lado, y cuando las voy a abrir, pues... Mira.

Ana se levantó debido al ruido y caminó hacia el salón a ver qué pasaba.

–A ver, ¿qué conio pasa aquí...? ¡HOSTIA PUTA JAMELGA! ¿Pero y eso qué es, chiquilla?

–Pues lo que le he dicho a Luis, que me compré unas bragas y cuando las voy a sacar, mira lo que me encuentro.

Ana se empezó a reír mientras la cara de Sandra se ponía colorada. Luis pidió calma, y puso su dedo en el mentón. Como siempre hacía para pensar en una solución.

–Pues devuélvelas. Ya está. 

–"Política de empresa: no aceptamos devoluciones de ropa interior, ni de cosméticos." –Leyó Sandra en el ticket de compra –. Joder. Pues al final me las voy a quedar.

–Bueno, piensa que así tendrás un trapo más, que siempre viene bien –dijo Ana. Luego, miró hacia la ventana, y como quien no quiere la cosa, preguntó–: ¿Te dice en el ticket algo sobre el que compró esas bragas?

–No, no pone ningún dato. Me da pena el que las comprara, ha gastado más que yo. Vaya cambiazo. ¿No se podrían haber dado cuenta?

–¿Hoy, que es día de rebajas, y encima en esa tienda de ropa tan famosa? –Le respondió Luis–. Pides demasiado.

Sandra suspiró. Le gustaban las bragas que se compró. Y el que las tenga tampoco puede contactar con ella. Diablos.

Los tres se quedaron mirando la enorme ropa en silencio.

–¿Quién gastaría unas bragas tan grandes? –dijo Ana. 

A la mañana siguiente, en el periódico de la ciudad, Sandra leyó que la elefanta Lucy, la estrella del zoo, no pudo pintar como todos los miércoles porque las nuevas bragas que le habían pedido sus cuidadores, unas bragas de la misma talla y marca que las que tenía Sandra en la cocina, y que Lucy usa como si fueran un pincel, se habían extraviado.









martes, 10 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 10



Prosigamos con Plotober, peña. La premisa de hoy, día 10, es...

TE HAN PILLADO EN EL AEROPUERTO CARGANDO DROGA, PERO TIENES UNA OPORTUNIDAD DE ESCAPAR.


Odio los aviones. Sé que son la hostia. Sé que son importantísimos para la humanidad. Sé que la mayoría de cosas que pido me llegan por avión. Pero también sé que el miedo, el mareo, y todas esas mierdas que me suceden cuando voy en uno de esos bichos no me las quita ni Dios. Ni con cien pastillas de Diazepam. Lo único bueno es cuando el vuelo se acaba. Aleluya. Por fin puedo pisar tierra firme. Gracias, mil millones de gracias. 

Bueno, llegamos a la parte más divertida. Esperar el equipaje. Nótese el sarcasmo. Ñia, ñia. Ahí viene mi maleta. Pequeña, pero fiable. Bueno, vayámonos de aquí cagando le...

Oh, genial. Control policial. En fin, acabemos con esto. Venga, chucho, huele mi maleta. Sí, eso es, huélela y déjame tranqu...

¿Por qué te paras, maldito? Chst, calla, no ladres, calla, mierda, me cago en todo, que vienen, mierda... Bueno, Víctor, tú contrólate, pon cara atenta y ya está.

–Abra la maleta, señor.

De acuerdo, la abro. Total, ¿qué te vas a encontrar de sospechoso? Si solo hay, ¿qué? Ropa, unos libros, mi neceser de aseo, mis gafas yyyyyyy...

Una bolsa llena de droga. Droga. En polvo. Cocaína. No hay nada más que verla. 

Mierda.

¿Cómo ha llegado eso hasta ahí?

Espera, puedo explicarlo. Yo no he adquirido esa droga. Ni de coña. Me la habrá puesto alguien, algún graciosete al que le voy a meter un buen par de hostias como le pille. Ya verá ese cabrito...

Pero, ¿Y si no me creen? ¿Y si me llevan a la cárcel? ¿Y si pasa algo como en las pelis, que me joden la vida hasta el tuétano? Joder, qué nervios, esto parece a estar en el avión, todo el mundo me mira, pero dejad de verme cabrones, qué cojones, dejad de hacer eso, de cuchichear, de...

La puerta de emergencia. A pocos metros. Y está abierta. 

No era el más rápido de mi clase por nada. 

Me giro hacia ella. Antes de que se den cuenta. Muevo las piernas. Como un rayo. Aparto a los policías. El perro intenta agarrarme. Le esquivo con un salto. Todo va a cámara lenta. La puerta está aún abierta, puedo llegar. La gente se asusta, se sorprende, otros gritan. 

Ya casi estoy. Vamos.

Oigo un trueno. Un relámpago me recorre la pierna. Me la destroza. Arde. Parece un mordisco. No es el perro.

No puedo avanzar. Me caigo. Todo va a cámara lenta. El suelo se acerca más y más. Hostión. 

Me duele la pierna como nunca en mi vida. Me sujetan con las porras, gritando que me quede quieto. La pistola en mi cabeza. Yo no puedo más. Vomito. 

Llorando del dolor, les digo que esa droga no es mía.