martes, 31 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 31




¡Y se acabó! Jopé cómo pasa el tiempo... Eso sí,  los relatos de plotober los pondré en la sección de "Entradas especiales". Para tenerlos todos a mano. Ah, y seguiré escribiendo algún que otro relato más, intercalándolos con las entradas. Esto mola mucho, pardiez. 
En fin, ¿cuál es la premisa para hoy?



EL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS TE LLAMA AL TELÉFONO


¡Ring, ring, ringgggg!

–¿Dígame? 

–... ¿He-helou? ¿Hay alguien ahí? ¿Hola?

–¿Perdón?

–Oh, ups, sorry, ejem, déjeme empesar de serou, mai amigo... Soy el presidente de los Uinaited Esteits, Mister Wilson Mcguffin. 

–¿En serio? ¿Y qué hace el presidente de los Estados Unidos llamando a mi casa? (riéndose)

–Ou, nada, solo quería spik, yu nou mai fren, how is todou por la bonita España, con el calor y de san, and de bailadoras of flamencou... ¡Olé! So, how ar de zings, mai boi? 

–Emmm... Bien. Vamos bien. Tirando. Ahora iba comer unas sobras...

–Ouuu, tipical spanish fud, ou yeah dads nais! Y wat ar yu going to it, mai fren?

–Tortilla española (sigue riéndose).

–Ouuuu, dads very very delisias, ou yes, very rico! Ñam ñam, mai fren.

–Sí, muy rico. ¿Y usted, qué tal va?

–Ou, very wel, un poco liadillou, con som peipers of leyes I haf to firmar todei, but not difficult. 

–Ya veo.

–And de exams, how abaut de exams? Todos gud, nou?

–Sí, todas aprobadas. 

–Oh, very very happy tu hiar that, very happy.

–Venga, papá, para ya (se ríe y no puede más).

–Papá? Who is Papá? Ai am de president of...

–Venga, papá, que se te nota a la legua.

–Jejeje... Perdón, no me pude resistir.

–Ya (sonríe).

–Es que... Estar en el hospital es aburrido, así que pensé en llamarte y hacerte esta broma. Perdona.

–Oh, no, no... La verdad... Sí. Ese lugar es un rollo.

–Ya te digo. ¿Y tú qué campeón? ¿Vamos bien, pues?.

–Sí, vamos bien. 

–Genial.

–¿Papá?.

–¿Sí?.

–¿Cuándo vuelves a casa?

–Oh, dentro de poco, me tienen que hacer unas pruebas más y unos cuantos tratamientos, pero dentro de poco. Un mes, como mucho. Tú paciencia, ¿eh? Y haz caso a tu madre. 

–Claro.

–Tú no te preocupes, Tomás. Esto ya verás, que se pasa volando. Y luego, iremos a ver el lago, como te dije. ¿De acuerdo?

–De acuerdo.

–Venga, un beso muy fuerte. Ahora viene el médico, y me tienen que hacer más analíticas. Ay, señour, dis is so aburrido.

–Un beso, papá. O debería decir, presidente de los Estados Unidos (se ríe).

–¡Jajaja! Yes, vaquerouuu! Yijjjaaaa!







lunes, 30 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 30




Venga, que queda poco.
Y la premisa de hoy es...

¡NO TOQUES NADA! AHORA VUELVO



–Muy bien, Tomás. Voy a la compra. Tú no toques nada, haz los deberes, y yo vuelvo enseguida. ¿De acuerdo?

–Sí, mamá. 

Le dio un beso en la mejilla, le dijo un "Adiós" muy cariñoso, y cerró la puerta. Tomás se quedó mirando el salón. Claro que no iba a tocar nada. Tenía que hacer los deberes. A sus once años, era algo habitual. Aburrido, pero es lo que toca. Así que se dirigió a su habitación y se puso a hacer las tareas: unas ecuaciones, la redacción de Lengua y las frases de inglés. Cuando acabó, miró el reloj. Habían pasado treinta minutos. El mercado estaba lejos, así que su madre tardaría quizá unos veinte minutos en volver, o un poco más si veía a alguien. Tampoco le importaba mucho estar solo. No es que odiara estar con su madre, por supuesto que no, pero en la soledad, uno puede pensar en muchas cosas. Así que se mantuvo en la silla, con la cabeza inclinada sobre la mesa, mientras sonaba en su cabeza el discurrir del pensamiento. Como unos engranajes. Tic tac, tic tac. Preguntas pasaban.

¿Qué es la vida? ¿Un discurrir hacia el fin, con alegrías y penas, o quizá un sueño e ilusión, como decía Segismundo?

¿Por qué el cielo es azul? ¿Por los rayos del Sol, o las lágrimas, riachuelos de agua azul (como él siempre la coloreaba) que recorren la Tierra cuando esta llora, y que al final caen al mar?

¿Cuál es el papel del ser humano en la vida? ¿Somos una especie más, o elegida por algo o alguien?

¿Por qué su padre ya no estaba?

¿Y qué significaba cáncer en realidad?

Esas dos preguntas pasaron por su mente sin que él casi se percatara, curiosamente a la vez. E igual de curioso era el hecho de que cuando las pensó, se quedó en blanco.

Solo pudo musitar una palabra.

–Papá...

Y una lágrima recorrió su cara, dando un color azul a su propio cielo.


domingo, 29 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 29

¿¡Có.cómorl!? ¿¡Esta vez sin foto de anime!?


¡Dos días! ¡No perdamos más el tiempo! 
Y hoy la premisa es...





UN MAPACHE TE HACE SEÑAS PARA QUE TE ACERQUES


Estaba paseando un día por el bosque, haciendo unas cuantas fotos con mi móvil. Un ciervo que se alejaba, el agua del río cayendo por una pequeña cascada, los árboles y la luz filtrándose a través de las hojas... Todo era susceptible de ser fotografiado. Entonces, mientras caminaba, un mapache salió de unos arbustos. Justo cuando iba  a hacerle una foto, se me acercó, como si me conociera de toda la vida, y me hizo con la mano señas para que me acercara. Yo, un poco nerviosa, me agaché a su nivel. Empecé a hablarle como si fuera un perro, en un intento de trabar una amistad (y que no me mordiera), pero el mapache no me respondía. Simplemente cogió mi móvil, y me hizo una foto. Me quedé paralizada, asombrándome de la habilidad que poseía el animal. El mapache me enseñó la foto, en la que salía con una cara de sorpresa, con mis ojos iluminados por la luz del flash, y le dije que había quedado muy bien. Él pareció agradecido, y volvió al lugar del que había venido. 


sábado, 28 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 28



Al turrón.
Y hoy toca escribir sobre...




RECUERDO AQUEL VERANO. SÍ, AQUEL.


En el verano de mis trece años, mi padre me llevó junto con mi hermano a pescar. Era la primera vez que hacíamos una cosa así. Nos habían dicho que en aquella zona abundaban los peces, y vaya si era cierto. Estuvimos hasta casi cinco horas sacando pieza tras pieza. Al final, anocheció y pude ver por primera vez un cielo estrellado como jamás hubiera imaginado contemplar. Claro, con un sinfín de estrellas, y hasta creo que vi la Vía Láctea. Nos quedamos un buen rato más, y mi madre nos regañó por haber llegado tan tarde. No recuerdo mucho más de aquel verano, pero esa imagen del cielo estrellado no se me va de la memoria.

Ahora, tantos años después, con cinco balas en el pecho, mientras camino por la calle desangrándome y buscando un sitio para dormir por última vez, pienso que tal vez, si hubiera seguido yendo de pesca esto no hubiera pasado. O quizá sí, quizá esto estuviera predestinado. Yo qué sé. Al final encuentro una calle donde no molesto a nadie. Seguramente duraré unas dos horas, puede que menos. Mis padres recibirán la noticia de que he muerto a manos de unos con los que no debería haberme metido, y seguro que llorarán, que se preguntarán "¿Qué hemos hecho mal?" Nada, si soy yo el que se fue del corral y se topó con el lobo. Venga, vamos allá. Uno, dos y... Me tumbo boca arriba. Ahí está. Eso es. Inspira, respira. Esto de morir, doler, duele, pero no está tan mal. Me siento en paz.

Y ahora que me fijo, el cielo parece más estrellado de lo habitual. 

Como el de aquel verano.

viernes, 27 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 27




Cuatro días y esto se acabó. Ay, qué pena...
Veamos, hoy la premisa es...





CREO QUE ESA CHICA DEL TREN ME ACABA DE SONREÍR



Estaba viajando hacia mi casa en el tren, como hacía cada mes. Miraba los campos verdes, brillando al cielo. Yo pensaba en mis cosas. Me acababan de echar de la facultad por mal comportamiento, y mis padres recibieron la noticia ayer mismo. Hubo discusión, broncas... Ya les dije que no quería hacer medicina, que prefería estar en el campo, recogiendo el trigo, con los animales... pero ellos decían que no, que debía estudiar, que era el único de la familia que iba a poder tener un futuro digno. Bah. ¿Un futuro, en una consulta minúscula, en la que la gente se me queja porque le duele aquí o allí? ¿Sin poder respirar aire puro, ni ver los amaneceres sobre los girasoles? Bah. Ese futuro no es para mí. Lo único que lamento es que había buena gente en mi clase. Pero bueno. 

De pronto, miré al resto de pasajeros, y una chica me observó. Me sonaba de algo, pero no lograba recordar de qué. La chica me sonrió, y viendo que a mi lado había una plaza libre, se acercó, me preguntó si estaba libre, le dije que sí,  y se sentó a mi lado. Era una chica un poco mayor que yo, pero... ¿De qué me sonaba?

–Hola.

–Hola –le respondí. Con cara de gilipollas, porque me sonaba y a la vez no. Dios. Odio cuando me pasa esto.

Ella miraba el campo. Me dijo: –Es bonito, ¿verdad?

–Sí, la verdad es que sí. Muy bonito.

–Es una pena que en la ciudad no haya vistas como estas.

–Ya. Sólo edificios altos, y no se ven ni siquiera las estrellas de noche.

–Y que lo digas, una pena.

–Perdone, pero... ¿nos conocemos de algo? – le pregunté ruborizado, y tratándola de usted. Como hago con cualquier desconocida. Si algo tengo, son buenos modales.

–Por favor, no me trates de usted. Y la verdad es que sí, sí que nos conocemos.

–¿Ah, sí? Pues la verdad es que no la recuerdo. Y su cara no es de las que se olvidan.

–Bueno, quizá es que la clase que daba era un poco aburrida. Pero recuerdo que a ti te gustaba mucho. Sacaste buena nota.

Ya está. 

La profesora nueva de bioquímica.

Joder.

–Dios, perdone, yo, no sabía...

–No me trates de usted, te repito de nuevo. Tengo tu misma edad.

–¿Mi misma edad, y profesora? ¿Cómo?

–No es por presumir, pero adelanté algunos cursos en el instituto, porque vieron que era superdotada. Aunque a mí me parece que soy muy parecida a la gente corriente, sólo que se me dan bien algunas cosas. Pero eso no tiene nada de especial. 

–Créeme, eso sí que es especial. Mi padre daría toda la granja por tener a alguien con la cabeza así. 

–Ya lo tiene, ¿no?

–Bah, por favor, no saques ese tema de nuevo...

–Pues claro que lo voy a sacar. Obtuviste una de las mejores notas de primer año que se habían visto en años en la facultad. Hasta te entrevistaron y todo. Eras un chico prometedor. Pero... luego...

Venga. Dilo. Tienes ganas.

¿No? Pues lo digo yo.

–¿Que por qué me puse tan borde en los siguientes años? ¿Que por qué mis notas bajaron y empecé a acosar a la gente? ¿Que por qué me echaron de la facultad?

–Bueno, no quería decir eso...

–Mira, no te culpo. Pero... ¿Sabes? Cuando volvía a mi casa, y veía a mi padre en el campo, y él me decía que no le ayudara, que fuera a echarle una mano al médico del pueblo, que así aprendía. Que yo iba más por ayudarle al pobre señor Lesmes que otra cosa, que lleva ya casi desde que nació mi padre en el trabajo. Aún así... Ayudar al pueblo pero no a mi padre, que segó y curró en el campo desde que era niño, que ni siquiera puede ir de vacaciones un solo día, ver a ese pobre hombre sudar y romperse la espalda, y a mi madre, que también ella desde que nació matándose para ganar unas míseras perras vendiendo lo que ella teje, y que cuando me vea dispuesto a echarle una mano, me diga que no, que vaya con don Lesmes... No sé. No me parecía eso ser un buen médico. Ni siquiera un buen humano. Por eso lo dejé. Y a lo bestia.

Qué poco a gusto se queda uno cuando se libera. Y el silencio que siguió fue atroz.

Pero lo peor es que ella lo rompió.

–Tienes razón. No me parece bueno que tus padres se deslomen y que nadie les ayude. Pero tampoco me parece bueno que por eso hayas dejado de lado esta oportunidad. Me parece hasta... estúpido. 

–Oiga (cuando me cabreo me sale el usted), si con eso me está llamando gilipolllas...

–¡Pues sí! ¡Puede que la facultad no sea lo más precioso del mundo! ¡Puede que la universidad sea un infierno, sobre todo para alguien como tú! Pero echar la toalla, dejar de lado todo por lo que tus padres han luchado, y que así con su esfuerzo llegues hasta lo más alto, más alto que ellos... ¡Me parece hasta una traición! ¡Una puñalada trapera!

Joder.

–¡Y no me trates de usted! ¿Está claro?

Vaya huevos.

–¿Está claro, sí o no?

–S.. sí.

–Bien. 

Qué cabreo. No podía ni mirarle a la cara.
El megáfono avisó que llegábamos a una ciudad en diez minutos. Cuando el tren paró, ella se dispuso a bajar. No me dijo nada, ni adiós. 
La tortura del silencio. 
Eso duele.

Yo le agarré del brazo.

Ella se giró, y me miró con una cara de furia. Pero no de furia asesina, sino de... Una mezcla de furia y pena. De enfado y tristeza. 

Esas caras son las que me duelen. Hasta llorar.
Ella vio cómo me derrumbaba en mi asiento. Se soltó de mi mano y, tras lo que parecieron horas, me abrazó.

"No abraces a una escoria como yo", quise decir.

Pero lo necesitaba. 

jueves, 26 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 26





Hoy nos toca la misma premisa que el día 10, a ver qué se nos ocurre.


TE HAN PILLADO EN EL AEROPUERTO CARGANDO DROGA, PERO TIENES UNA OPORTUNIDAD DE ESCAPAR.


Me han llamado hace poco. Estábamos los colegas y yo jugando al parchís en el jardín. Lo único bonito de la residencia. La comida es horrible. No me dejan tomar chorizo con jamón y huevos fritos. El colesterol, dicen. La sal, dicen. Joder. Ni a uno le dejan tranquilo.

Resulta que han trincado a mi hijo en el aeropuerto con droga en su maleta. Por supuesto, me quedo con los ojos como platos. Y casi me río. Mi hijo, con droga. No puede ser. Si ese crío no ha pisado siquiera un bar en su vida, ¿cómo diablos va a llevar droga?. Esto es raro no, lo siguiente. En fin, iré a verlo, que encima me dicen que intentó escapar y se llevó un balazo en la pierna. Vaya por Dios.

Le explico el caso a la directora de la residencia, la cual, como siempre, comprende totalmente el suceso, pero me dice que no puedo ir a verlo porque estoy muy débil y mi situación actual no me lo permite. Tampoco es que tuviera muchas ganas de visitarlo. Es más por obligación paternal, pero... No hay ganas. Quiero decir, no porque me haya deshonrado ni nada parecido, sino porque el chaval es un pesado. Siempre viene a verme. No me deja solo. Todos los días se queda conmigo desde que sale de la facultad hasta casi las diez de la noche. Se queda estudiando, me habla, me ayuda con la comida... Y todos me dicen que no valoro a mi hijo, que es un sol, un milagro que tenga como vástago a alguien tan abnegado como él, pero madre de Dios... Es un pesado... No sabe nada de fútbol, ni de política, ni de ninguna otra cosa que no sea sobre un tal Nietzsche, Whitman, Salinger, Saramago, o yo qué sé, porque siempre está leyendo y con la mente por las nubes. Desde que nació fue un chico raro. A su difunta madre le encantaba esa faceta, pero a mí... Joder, nunca podía hablar con él. No sabía qué decirle. Ni antes ni ahora. Y lo peor es que nunca le ha importado, que solo le bastaba con tener a alguien que le escuchara. Yo hago como que le escucho, pero es tan horrible... Siento como si hubiera una pared entre nosotros. Él se habrá dado cuenta, seguro. Pero sigue y sigue viniendo. Con un taladro para romper esa pared, pero nunca hay un enchufe para conectarlo. Eso sí, algo que él y yo compartimos, es nuestro odio a los aviones. Es entrar en un aeropuerto y el crío cambia totalmente. Visto y no visto.

Al final la directora me ha dicho que enviará a alguien a mi nombre, para ver qué tal está. Yo le doy las gracias y vuelvo a mi partida.

Mi hijo cargando droga. Je.

Parece una broma.


miércoles, 25 de octubre de 2017

PLOTOBER 2017 - DÍA 25





Ar, otro relato para mí, arrr.
Y la premisa de hoy es...





UN TÍO LEJANO TE HA DEJADO UNA SUSTANCIOSA HERENCIA. LÁSTIMA QUE NO TE AVISARA DE LA MALDICIÓN.



–"Y a mi sobrino Jaime, pese a que la distancia que nos separa es bastante grande, le dejo mi fortuna para que haga de ella el uso que mejor le parezca. Y ya está el testamento, leches. Dejadme morir tranquilo".

–Bueno, y ese es el final del testamento grabado de su tío. Firme aquí y podremos hacerle entrega de ese dinero. Sí, ahí... Bien, pues ya está. Un... Hombre peculiar, si se me permite decir, su tío. 

–Demasiado, diría yo. La verdad es que no nos veíamos mucho.

–¿Sabe usted que la fortuna que le ha dejado está valorada en más de cien millones de dólares?

–¿Americanos o australianos?

–Déjeme ver... Hmmmm... por la presente mmm... Cien... Hmmm... No lo especifica.

–Bueno, sigue siendo un montón de dinero.

–Lo malo...

–¿Lo malo?

–Es la maldición.

–A otro perro con ese hueso, mi buen señor.

–No, en serio, es una maldición que ha ido pasando de generación en generación por medio de esa fortuna. Nadie la ha querido, y su tío se la ha dado a usted.

–¿Y por qué mi tío no me ha dicho nada?

–Porque temería que rechazaría su parte del testamento. Ahora que la ha firmado, ya no se puede hacer nada.

–En fin... No creo en las maldiciones, pero, ¿esta de qué va? ¿Moriré?

–No.

–¿Mala suerte?

–No señor.

–¿Estaré vagando cual Caín por este mundo?

–Ehm... Vuelve a fallar.

–Vale. ¿De qué se trata?

–Le saldrá una verruga en el pene. Una bastante hermosa, diría yo.

–¿Y?

–Pues... que eso no tiene que ser algo muy placentero, ¿no?

–A decir verdad, tengo unas cuantas. Al principio dan guerra, pero luego te acostumbras. Por una más, no creo que pase nada.

–Ahm... Ya veo. Vaya maldición más peculiar le ha tocado, ¿no? Si se me permite comentar.

–Y que lo diga.